“Ir a un hotel, costumbre que ahora es muy común para celebrar aniversarios y otras fechas, puede ser algo placentero y ayudar a cambiar la rutina. Pero el motel, un lugar hecho exclusivamente para el disfrute sexual, podría aportarle mucho a una relación de pareja”, explica el sexólogo chileno Marcelo Freira, quien aclara: “Eso, sin embargo, lo define la pareja. Hay mujeres que ni en Colombia ni Chile ni en la conchinchina entran a un motel. El peso de la condena social, la religión y la educación termina siendo muy fuerte”.
El motel ha sido visto como la cuna de los amores prohibidos y del sexo a escondidas. Sin embargo, terapistas de pareja señalan que no tiene por qué ser solo para relaciones “inapropiadas”. “Estos son lugares hechos exclusivamente para el disfrute sexual, no tiene nada de malo que una pareja de esposos o novios vayan un día y den rienda suelta al placer”, explica José Manuel González, sexólogo y psicólogo barranquillero.
Los moteles surgieron en Estados Unidos en los años 40, producto de la construcción de hoteles de paso en las carreteras Mot (motor) y Tel (hotel). La idea era crear lugares junto a las autopistas o carreteras de tráfico muy intenso para motociclistas o automovilistas. Por eso, estos lugares tienen un espacio para un carro o una moto justo al frente de la habitación. Sin embargo, con el paso del tiempo, comenzaron a ser usados como refugio de amores furtivos o encuentros de enamorados.
En Colombia, cuenta González, los primeros moteles se crearon en la Costa Atlántica a mediados de los años 40. Se trataba de casas de citas, viviendas de familias normales en donde la dueña alquilaba cuartos para parejas. Después, otras casonas comenzaron a ser administradas por matronas que reunían a grupos de prostitutas y ofrecían el servicio completo: cuarto y sexo.
“Talvez por esa historia es difícil erradicar del imaginario popular la idea de que el motel es una cuestión mala y pecaminosa”, explica González. “En nuestra cultura una sexualidad alegre y placentera tiene muy mala imagen. No hemos entendido que el cuerpo está para el placer y que ir a un motel debería ser como ir a un restaurante”.
El sexólogo insiste en la necesidad de desmitificar el placer sexual. “No es malo disfrutar del buen sexo, no es malo tampoco usar juguetes sexuales y mucho menos ir a un motel. Cuando los colombianos acepten que pueden hablar del tema, probar diferentes cosas, el tema será menos tabú y tanta bobada se acaba”.
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